Declaración de Amor...

Permitanme, estimados lectores que ahora mismo dedican su tiempo a leer mis humildes y torpes palabras, que hoy les hable de mi barrio. Mi barrio es ese que está al otro lado del río, sí ese que dicen que es marinero, ese que también antaño fue un arrabal, ese que tenía sus corrales de vecinos donde todo se compartía y olía a cisco “quemao” en invierno, aquel mismo en el que se encontraban las dos cavas, ese que tenía un puente de barcas, en definitiva dejenme que les hable del barrio de mis amores: Triana.

Aquí (y permitanme la osadía) todo es “diferente”. La gente es especial y hasta incluso parece que el viento aquí tiene otro aire. Aquí hasta los atardeceres son especiales, y si no ha disfrutado de un atardecer en Triana por favor hágalo mientras son testigos de ello la Maestranza, la Giralda y el puente a su izquierda. Deleitese en los colores que va dejando en el cielo el sol, una gama de colores anaranjados digna de admirar mientras le sopla en la cara la brisa marinera del río.

Para continuar también les diré que nuestra Semana Santa es “diferente”. El barrio entero se vuelca con sus Hermandades y está deseando que vuelvan para recibirlas con los brazos abiertos. En Triana los pasos no andan, navegan y no giran, reviran y no se paran sino que arrian. Aquí la Semana Santa empieza el Domingo de Ramos cuando Vizcaya llama a sus hombres a “trianear” con el Cristo de las Penas y sale la Valiente bajo bambalinas. El Lunes Santo, mi Hermandad, San Gonzalo se pone en la calle y qué voy a decir yo de ella ¿verdad? Pues que siendo la más joven del barrio es la que más nazarenos tiene y que mi Cristo de “recogía” es puro deleite para los ojos. Y mi Virgen Blanca de la Salud pone los vellos de punta entrando en su Templo mientras está la plaza a oscuras y se oye la Salve… del enfermo, del que llora, del que sufre, del pecador…


La explosión de júbilo viene cuando vuelve Ella, la Reina de la calle Pureza, y su Hijo abatido bajo el peso de la cruz. Una vez que se baja el puente ya no hay prisa y en la Capilla de la Estrella las chicotás tanto del misterio como del palio son de ensueño. Y ya no digamos cuando se llega a la calle Pureza donde no cabe un alfiler y entra la Morena mientras todos la despedimos entre lágrimas.
Bueno nuestra particular Semana Santa termina con dos Hermandades de mucha solera el Viernes Santo. La O es una de ellas que pasea con seriedad a las órdenes de los Ariza. El Nazareno camina resignado sobre su canastilla, y su Madre, una jovencita trianera lo sigue descosolada bajo palio coronada. El epílogo lo pondrá el Cachorro que siempre coge su último aliento allá por el final de la calle Castilla y nunca acaba de morir. Y su Madre Patrocinio que ya no tiene más lágrimas que derramar viene con su semblante de paz y serenidad.

En definitiva este es mi barrio del cual estoy muy orgullosa y llevo muy a gala ser trianera de pura cepa. Gracias por haberme permitido hacer esta declaración de amor a mi barrio.

Noelia León Hidalgo



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