De San Lorenzo a Triana

Estas ahí, en tu casa, en una plaza a veces solitaria y a veces tan concurrida que ni el aire puede estar reposado ni dos segundos siquiera. Es  un día muy especial, un día en el que los cofrades sentimos de una forma muy particular el peso de la cruz que un tal Pilatos, un día te diera. Solo con traspasar el umbral de tu puerta  me siento como si en un juicio estuviera, donde tú eres el reo y Pilatos,  la mano que llena de sangre un calvario te ofreciera. Me acerco lentamente como todos los Jueves Santo por la mañana hasta tu paso, justo delante de ti, para pasar solo un minuto, tu y yo, solos los dos en una confesión sincera , rodeados de miles de corazones que buscan ese minuto a solas contigo, pero solo con mirarte, mudo y aislado me quedo de esos corazones que esperan . Solo un minuto padre, tengo prisa, no quiero verte a solas conmigo, yo hablándote y tu escuchándome con esa carga en tu hombro que un tal Pilatos te impusiera. Me voy Padre, muy pronto vas a salir a las calles de Sevilla, donde miles de hombros se van a acercar al tuyo, para aliviarte ese peso de cruz que al hombro tu llevas. Padre perdóname si no me ves cuando salgas, pero es que tengo que estar esperándote en Triana, donde poder aliviarte en tus tres caídas, por el peso de esa cruz que tu hombro ya no aguanta. No te preocupes padre que allí un barrio te espera, para que cuando tu rodilla se doble por el peso de la cruz, nuestros corazones como si de Ángeles se trataran, te ayuden a levantarte de nuevo ante la  mirada de un centurión a caballo que el camino te marca. Allí estaré yo Padre, esperándote como todos los años, mientras tú me des fuerzas. Dos barrios tan lejanos, pero que solo una noche, están mas cerca que nunca, San Lorenzo y Triana, dos barrios para aliviar tu carga.

Ignacio Ventura Martínez



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