Diálogos en Carey y Plata

Como gotas en pleno diluvio habían pasado miles de nazarenos ante los ojos del visitante. Era su primera Semana Santa en Sevilla y ya creía haber recogido la esencia de una sevillanía que presumía de unos encantos tan dispares pero que tan bien se sucedían en esos días: bastante calor, simpatía en sus gentes, excelentes localizaciones, respeto a las tradiciones…

Mediaba la noche y sus pasos le llevaron hacia la calle Cuna, después de haber tenido el privilegio de contemplar la hermosura de la Macarena y la grandeza del Gran Poder, cuando se dio cuenta que una cofradía le venía de frente y, con severa prudencia, se hizo a un lado y empezó a contemplar el cortejo. Era la primera vez que podía ver dicha hermandad y rebuscando en sus bolsillos acertó a encontrar ese itinerario que le había dado una simpatiquísima azafata al bajarse del avión…Hermandad del Silencio, curioso nombre que le hizo recordar su infancia en aquel blanco y negro colegio de su Inglaterra natal pues el profesor casaba constantemente su nombre con el de aquella orden imperativa…Ese dedicado maestro se hubiera enorgullecido del discurrir de aquel cortejo pues sus nazarenos eran sombras que se desplazaban en parejas de a dos silentemente siguiendo a una cruz que servia de guía y a cuyo alrededor solo se podía auditar el crujir del calzado de los penitentes.

De repente, a lo lejos, algo rompe el silencio…viene del fondo de aquella calle y es una melodía que, aunque aun no puede distinguir, le resulta conocida…conforme pasan los segundos reconoce que el sonido lo desprenden instrumentos de viento y siente como si éstos intensificaran la dulzura de la leve brisa que sopla y que hace tintinear la vela que portan los penitentes. Pasa algo menos de un minuto cuando logra distinguir lo que los sevillanos llaman “el pasocristo” y en él al Señor cargando con la cruz. Va caminando hacia su persona pero el paso se detiene. Algo mágico sucede pues el silencio se hace aún más extenso y, de pronto, alguien rompe a cantar una saeta. El caballero se queda mirando a Jesús y Este cualquiera juraría que le devuelve la mirada.-¿Como es posible llamarse Jesús del Silencio cuando el silencio es roto por mil oraciones?¿Como es posible que una talla de madera despierte tantas pasiones?¿Acaso mentiría si dijera que la misma Luna esta contemplando al hijo del hombre y se muestra henchida de orgullo al ver al Dios caminante?¿Sería un error decir que la estampa del Cristo brilla mas que la mismísima plata que adorna su pesada cruz?-El caballero inglés se hace estas preguntas en el transcurso de la saeta, mientras alguien mas allá se santigua, aquel se estremece, ese lo admira y todos a la vez se emocionan.

Toda la magia se rompe al sentir la lagrima que le resbala por la mejilla…-¿Cómo yo, que ya peino canas, puedo llorar al ver este espectáculo?¿Como es posible que me afecten estos sentimientos a mí, que tanto he sufrido en la vida?¿Acaso es posible que a este humilde buscador de verdades le haya azotado en plena cara el evangelio que representa Sevilla con su Semana Santa?...-Es muy posible que este simpático viajante consiguiera inundarse de la esencia de la Semana Grande de Sevilla pero lo que es seguro es que mientras aún pueda conservar las fuerzas, todos los Viernes Santos volverá a la alargada callejuela a darse de bruces con el Dios caminante, con el hombre que cambio el mundo, con Jesús de Nazareth…con nuestro padre Jesús del Silencio

Segundino Flores Riego


Foto: Emilio Vegazo Cruz


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