
Diálogos en Carey y Plata Como gotas en pleno diluvio habían pasado miles de nazarenos ante los ojos del visitante. Era su primera Semana Santa en Sevilla y ya creía haber recogido la esencia de una sevillanía que presumía de unos encantos tan dispares pero que tan bien se sucedían en esos días: bastante calor, simpatía en sus gentes, excelentes localizaciones, respeto a las tradiciones…
De repente, a lo lejos, algo rompe el silencio…viene del fondo de aquella calle y es una melodía que, aunque aun no puede distinguir, le resulta conocida…conforme pasan los segundos reconoce que el sonido lo desprenden instrumentos de viento y siente como si éstos intensificaran la dulzura de la leve brisa que sopla y que hace tintinear la vela que portan los penitentes. Pasa algo menos de un minuto cuando logra distinguir lo que los sevillanos llaman “el pasocristo” y en él al Señor cargando con la cruz. Va caminando hacia su persona pero el paso se detiene. Algo mágico sucede pues el silencio se hace aún más extenso y, de pronto, alguien rompe a cantar una saeta. El caballero se queda mirando a Jesús y Este cualquiera juraría que le devuelve la mirada.-¿Como es posible llamarse Jesús del Silencio cuando el silencio es roto por mil oraciones?¿Como es posible que una talla de madera despierte tantas pasiones?¿Acaso mentiría si dijera que la misma Luna esta contemplando al hijo del hombre y se muestra henchida de orgullo al ver al Dios caminante?¿Sería un error decir que la estampa del Cristo brilla mas que la mismísima plata que adorna su pesada cruz?-El caballero inglés se hace estas preguntas en el transcurso de la saeta, mientras alguien mas allá se santigua, aquel se estremece, ese lo admira y todos a la vez se emocionan. Segundino Flores Riego |
| Foto: Emilio Vegazo Cruz |
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