
A Juan Moya, Costalero de Sevilla... Simplemente un momento, un minuto de silencio, un adiós entre sollozos, un instante donde recordarte, como diría el pregonero “Como duele a la tarde Sevillana la muerte de un costalero” pero como lastima dios, como lastima… al recordarte intento de jugar con las palabras de sentimiento hacia tu persona. Hay quien nació con ese don que todos buscamos alguna vez en la vida. Y hay quien a base de mucha intentar, se va haciendo un hueco en el corazón. En cualquier caso nada es importante si faltas para siempre. Y solo se depura con el tiempo el dolor y el golpe del martillo, sobre nuestra particular trabajadera, que imponen su ley los recuerdos de tantos y tantos costaleros. Jamás hay que perderles el respeto a esos recuerdos. Existen palabras sagradas (Tradición, Hermandad, Cuadrilla…) que solo deben usarse en constadísimas ocasiones con sumo tacto y delicadeza y que, sin embargo, son tantas veces denostadas, manoseadas y vejadas. Lo mismo ocurre con los silencios. Algo tan único e importante a la hora de recordar, que a veces cobra más fuerza y significado en un instante que la propia palabra misma. Es necesario estar abierto a todo, al vendaval y a la calma, Al pecado y a la gloria dentro de esta Sevilla nuestra. Escribir siempre sobre un hermano debe ser un divertimento agradable, aunque a veces las palabras surja del dolor y el sufrimiento por la perdida del mismo. Hay muchos que no saben hacer otra cosa mejor en la vida. Y lo hacen muy bien, hay quien nace con ese don, hay quien se dice que nace para ser costalero, pero yo digo que el mayor don es el poder compartir trabajaderas con cuarenta hermanos, y que te reconozcan tu trabajo con ese silencio ante tu perdida. Pero también es gratificante compartir sensaciones, como transmitías en cada ensayo en cada momento de la Salida procesional. Un Abrazo.
José Luis Alvarez Gaitica |
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